domingo, 21 de junio de 2009

Un Culto Incivilizado

Dice Nietzsche en "La Voluntad de Poder":
Los puntos culminantes de la cultura y la civilización están separados uno del otro. Los grandes momentos de la cultura fueron siempre, moralmente hablando, épocas de corrupción; y, a la inversa, fueron las épocas de la domesticación voluntaria y obligada del hombre ("civilización"), épocas de intolerancia para las naturalezas más espirituales y más osadas. La civilización quiere algo diferente a lo que quiere la cultura; quizás algo contrario.

¡Qué clara que la tuvo, Peña! Chapeau!!!

jueves, 18 de junio de 2009

leyendo la Voluntad de Poder para homenajear a Peña

Naturaleza, quiere decir, atreverse a ser inmoral, como lo es la Naturaleza.

domingo, 7 de junio de 2009

Pestes





Y cuándo la humanidad no estaba enferma de cristianismo...




¿de qué estaba enferma?
¿O estaba sana?
¿Qué sería una humanidad sana?
En términos de Spinoza, una humanidad ejerciendo lo que puede. No separada de lo que puede.
En términos de Nietzsche, una humanidad jugando en el eterno retorno de superarse a sí misma.
En términos de Deleuze, una humanidad curada del resentimiento, de la mala conciencia, de la responsabilidad.
Una humanidad inocente.

sábado, 6 de junio de 2009

Herejía


¿Y si Freud, y su malestar en la cultura, y su superyo, y su totem y tabú fueran otra manera de contar el pecado original? ¿Y si estuvieran demasiado impregnados por la cultura judeocristiana?
¿Y si Nietzsche nos propone salirnos de esa cultura fabricadora de culpa rumbo a una cultura celebradora de la vida?¿Puede la humanidad recorrer ese camino?¿Cómo?¿Por dónde queda?

En la concepción del mundo de Freud la culpa ocupa un lugar constituyente de la sociedad y su molesta cultura, del sujeto y su festejada neurosis.

Nietzsche propone trocar la culpa como valor por el deseo de superación ¿Y si es posible?
¿O Freud nos explica por qué no es posible?

Y sin embargo la humanidad no siempre estuvo enferma de cristianismo...

lunes, 1 de junio de 2009

Descontrolá



Algunas cosas pasan sólo si hay descontrol. Si reina un cierto caos, un cierto permiso para desordenar, para desobedecer, para alterar.
Escribir, por ejemplo.
Amar, por ejemplo.
Crecer, por ejemplo.
Vivir, por ejemplo.
Sólo pasan, de verdad, si reina un cierto caos, un cierto permiso para desordenar, para desobedecer, para alterar.
Descontrolá. Un rato al día, al menos. Descontrolá.

viernes, 22 de mayo de 2009

otros mandamientos




  • no se puede crear prosperidad desalentando la iniciativa individual

  • no se puede fortalecer al débil debilitando al fuerte

  • no se puede promover la fraternidad de los hombres admitiendo e incitando el odio de clases

  • no se puede progresar-un individuo o un estado-cuando se vive del dinero prestado

  • no se puede formar el carácter y el valor cuando se despoja al hombre de su independencia e iniciativa

  • no se puede amparar a los hombres realizando por ellos lo que ellos pueden hacer por sí mismos

(mandamientos de Abraham Lincoln)

martes, 12 de mayo de 2009

Cultura para Freud

La cultura humana- me refiero a todo aquello en lo cual la vida humana se ha elevado por encima de sus condiciones animales y se distingue de la vida animal muetra dos aspectos:
1) abarca todo el saber y poder-hacer que los hombres han adquirido para gobernar las fuerzas de la naturaleza y arrancarle bienes que satisfagan sus necesidades
2)comprende todas las normas necesarias para regular los vínculos recíprocos entre los hombres y, en particular, la distribución de los bienes asequibles.

Todo individuo es virtualmente un enemigo de la cultura. Por eso la cultura debe ser protegida contra los individuos, y sus normas, instituciones y mandamientos cumplen esa tarea.

Se creería posible una nueva regulación de los vínculos entre los hombres, que cegara las fuentes del descontento con rewspecto a la cultura renunciando a la compulsión y a la sofocación de lo pulsional, de suerte que los seres humanos, libres de toda discordia, pudieran consagrarse a producir bienes y gozarlos. Sería la Edad de Oro; pero es dudoso que ese estado sea realizable. Parece más bien, que toda cultura debe edificarse sobre una compulsión y una renuncia de lo pulsional.
(de El porvenir de una ilusión)

jueves, 23 de abril de 2009

el artista de Nietzsche (Una página maravillosa)


Hay épocas en las que el hombre racional y el hombre intuitivo andan juntos, uno angustiado ante la intuición, el otro burlándose de la abstracción; tan irracional el último como poco artista el primero. Ambos ansían dominar la vida: éste, sabiendo tratar las principales necesidades con previsión, prudencia y regularidad; en tanto aquel, como "héroe pletórico de la alegría", no ve esas necesidades y toma como real sólo la vida que se ajusta a la apariencia y la belleza. Allí donde el hombre intuitivo -como por ejemplo en la antigua Grecia-maneja sus armas con más fuerza y más victoriosamente que su adversario, se puede, en casos favorables, formar una cultura , y fundar el dominio del arte sobre la vida. Ese fingir, esa negación de la necesidad, ese esplendor de las intuiciones metafóricas y en general esa inmediatez del engaño acompañan todas las manifestaciones de semejante vida. Ni la casa, ni el vestido, ni el jarro dejan ver que la necesidad los inventó; parece que en todos ellos debiera expresarse una felicidad sublime y una serenidad olímpica. Mientras que el hombre guiado por conceptos y abstracciones sólo evita la infelicidad con ellos, sin ganarse la felicidad, mientras trata lo más posible de evitarse los dolores, el hombre intuitivo, estando en una cultura, además de evitar los males cosecha una claridad, una animación y una liberación que fluyen continuamente. Es cierto que cuando sufre, sufre más fuertemente. Incluso sufre más a menudo porque no sabe aprender de la experiencia y vuelve a caer en el mismo hoyo en el que había caído. Es tan irracional en el dolor como en la dicha, grita fuerte y no tiene consuelo.
(de Sobre verdad y mentira en sentido extramoral)

martes, 21 de abril de 2009

un cuentito

Cuando Facundo se subió a aquel tren ignoraba que ese viaje le cambiaría la vida para siempre. El párroco de la iglesia del pueblo donde había nacido trece años antes le había pedido por favor que acompañara a Andrea, la monjita, y él no había sabido negarse.
Se habían sentado uno junto al otro con la confianza que les daba tantos años de verse en la iglesia, un domingo tras otro, aunque nunca hubiesen intercambiado más que diez palabras seguidas.
Facundo jamás pudo explicarse que lo hizo despertarse en la mitad de la noche. Cuando se despertó, Andrea hablaba sola y lloraba. No. No hablaba sola. Hablaba con alguien que Facundo no podía ver, quizás porque estaba todo oscuro o él estaba demasiado dormido. Ella hablaba y lloraba. Y él no pudo seguir durmiendo. La curiosidad lo despabiló. Tenía que saber con quién hablaba Andrea y por qué lloraba tanto. El estaba ahí para cuidarla.

Cuando Andrea se subió a aquel tren sabía que ese viaje le cambiaría la vida para siempre. El párroco de la iglesia del pueblo donde había vivido los últimos catorce años, prácticamente la había obligado a tomar aquella decisión.
Se había sentado al lado de Facundo y esperado a que él se durmiera par soltar el llanto y sin darse cuenta, se descubrió a sí misma justo en el mismo momento que Facundo la descubría, hablando con él, ensayando lo que quería decirle, buscando las palabras que menos le dolieran y más la perdonaran.
Y ahora que él la estaba mirando se preguntaba si había llegado, por fin, el momento de confesar la verdad, o si sería mejor inventar otra historia más creíble.
Como ella no sabía cómo se le dice a un hijo la verdad, se hizo la dormida, se hizo la sonámbula.
-Hablabas en sueños- le dijo Facundo- No sé que decías. ¿Te acordás que soñabas?
-Soñaba con ser madre- dijo ella- y no ser mentirosa.

lunes, 13 de abril de 2009

Interpretación vs. semiología

La muerte de la interpretación consiste en creer que hay signos que existen originariamente, primariamente, realmente, como señales coherentes, pertinentes y sistemáticas.
La vida de la interpretación, al contrario, es creer que no haya sino interpretaciones.

La hermenéutica y la interpretación son dos enemigos bravíos.
(de Nietzsche, Freud, Marx)