Las instituciones parecen sólidas. Pero están hechas de palabras.Por eso,igual que ellas mutan, se transforman, pierden sentido, o lo renuevan. Algunas (¿o todas?) se gastan,se cansan, se agotan.Caen en el olvido y se mueren.
Frases, párrafos y otras yerbas para espiar algunos textos. Subrayados que me acompañan, que me marcan, como a los libros.
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lunes, 13 de septiembre de 2010
cultura líquida
Las instituciones parecen sólidas. Pero están hechas de palabras.Por eso,igual que ellas mutan, se transforman, pierden sentido, o lo renuevan. Algunas (¿o todas?) se gastan,se cansan, se agotan.Caen en el olvido y se mueren.
jueves, 10 de junio de 2010
matrimonios
Alguna vez,el matrimonio fue un acuerdo comercial.Alguna vez, el matrimonio fue un sacramento.
Alguna vez,el matrimonio fue entre un hombre y una mujer que debía llegar virgen al altar.
Alguna vez, el matrimonio fue para toda la vida.
Alguna vez, el matrimonio fue entre un hombre y una mujer.
Ya no.
Ya fue.
Así somos los humanos. Modeladores de palabras. Modeladores de instituciones. Modeladores de la tierra.
lunes, 20 de octubre de 2008
Poder líquido
En este asunto de seguir debatiéndome entre lo líquido y lo sólido, le tocó al poder. Leyendo el nuevo libro de mi amigo Fernando Laría "Calidad Institucional y Presidencialismo", se me ocurrió que su propuesta, en algún sentido tiene que ver con "licuar el poder de los poderosos". Y para licuar, hace falta poner líquido en la licuadora. Si ponemos algo sólido, lo único que conseguiremos es romper la licuadora. Por lo tanto, si de poder se trata, nuevamente, mi voto va para lo líquido. Por licuable, por maleable, porque fluye y porque... el agua, horada la piedra!
Aquí va un parrafito del libro de Fer, invitándonos a los argentinos a sustituir nuestro sistema presidencialista (típico de latinoamérica) por el sistema parlamentario de tipo europeo.
"Unas de las ventajas del sistema parlamentario es su flexibilidad y las posibilidades de cambiar el titular del ejecutivo sin que se produzca una crisis política.
En el sistema presidencialista, el desgaste acelerado de la figura presidencial, como consecuencia de sus errores o de la presencia de circunstancias adversas que no ha podido neutralizar, deja a los ciudadanos como si estuvieran frente a un matrimonio sin divorcio. Por esa razón el sistema parlamentario ofrece la enorme ventaja de terminar con nuestras "monarquías presidenciales" y el riesgo que supone entregar un cheque en blanco por cuatro años a una persona que, con pasmosa tranquilidad, puede rotar radicalmente su compromiso electoral o simplemente fracasar estrepitosamente."
Aquí va un parrafito del libro de Fer, invitándonos a los argentinos a sustituir nuestro sistema presidencialista (típico de latinoamérica) por el sistema parlamentario de tipo europeo.
"Unas de las ventajas del sistema parlamentario es su flexibilidad y las posibilidades de cambiar el titular del ejecutivo sin que se produzca una crisis política.
En el sistema presidencialista, el desgaste acelerado de la figura presidencial, como consecuencia de sus errores o de la presencia de circunstancias adversas que no ha podido neutralizar, deja a los ciudadanos como si estuvieran frente a un matrimonio sin divorcio. Por esa razón el sistema parlamentario ofrece la enorme ventaja de terminar con nuestras "monarquías presidenciales" y el riesgo que supone entregar un cheque en blanco por cuatro años a una persona que, con pasmosa tranquilidad, puede rotar radicalmente su compromiso electoral o simplemente fracasar estrepitosamente."
Esta es una respuesta a la frase: " nos votaron"(que en Argentina parece que continuara), ahora,JODANSE!!!
viernes, 5 de septiembre de 2008
cada vez más líquida
Creo que Amor Liquido me produce el efecto contrario de lo que busca su autor.
A mí, me amiga con lo líquido. Z.B escribe:
"Si uno viaja en tren, ve y oye, adolescentes de ambos sexos y jóvenes que informan a sus hogares por cual estación acaban de pasar. Uno diría que están contando los minutos que los separan de sus seres queridos y que no ven la hora de poder mantener esas conversaciones cara a cara. Pero quizás no haya pensado que muchas de esas charlas por celular no eran el prolegómeno de una conversación más sustancial a producirse al llegar, sino un sustituto de ella. Que esas charlas no preparaban el terreno para algo real, sino que eran lo real en si. Que muchos de esos jóvenes anhelantes de informar a sus interlocutores invisibles acerca de su paradero, ni bien llegan s sus hogares correrán a sus cuartos a cerrar la puerta con llave detrás de si."
"Los hogares ya no son un lugar de recreación compartido, de amor y amistad, sino el ámbito de disputas territoriales, un conjunto de búnkeres fortificados. Hemos cruzado el umbral de nuestras casas individuales y hemos cerrado sus puertas, y luego hemos cruzado el umbral de nustras habitaciones y hemos cerrado sus puertas. El hogar se transforama en un centro de recreaciones multipropósito donde los miembros del grupo familiar pueden vivir, en cierto sentido, separadamente codo a codo."
"Cuanto más atención y esfuerzos de aprendizaje consumen la proximidad de tipo virtual, menos tiempo se dedica a la adquisición y ejercicio de las habilidades que la proximidad no-virtual requiere. Tales habilidades caen en desuso: son evitadas, olvidadas o directamente jamás aprendidas, o se recurre a ellas cuando no queda más remedio y a regañadientes."
Yo, después de leerlo, pienso:
Primero: me siento identificada. Para mi sorpresa (yo me sorprendo de que mi hogar sea como es), mi hogar, con dos hijos adolescentes es uno de esos centros de recreación multipropósito. En este mismo momento, yo escribo, y cada uno de ellos está conectado a su máquina, con su
celular cerca y escuchando su música. Cada uno haciendo lo que le gusta, para qué negarlo.
Segundo: sí, yo sí siento (hasta hoy) cierta nostalgia de "lo que nunca jamás sucedió": Mis hijos llegan, los espero con mate y biscochitos de grasa, o coca-cola y tostados o café con leche con medialunas. Conversamos largo y tendido de las pequeñeces de la vida cotidiana. Y de sobremesa, jugamos un chinchón. Una antigüedad. No existe. Fue, para mí. Para ellos, ni fue.
Tercero y confesión: ¡¡Por fin entiendo porque sí soy una hinchapelotas!! (y no es ninguna ironía)
Cuarto:¿ por qué las generaciones anteriores no aceptamos que las cosas cambian?
A mí, me amiga con lo líquido. Z.B escribe:
"Si uno viaja en tren, ve y oye, adolescentes de ambos sexos y jóvenes que informan a sus hogares por cual estación acaban de pasar. Uno diría que están contando los minutos que los separan de sus seres queridos y que no ven la hora de poder mantener esas conversaciones cara a cara. Pero quizás no haya pensado que muchas de esas charlas por celular no eran el prolegómeno de una conversación más sustancial a producirse al llegar, sino un sustituto de ella. Que esas charlas no preparaban el terreno para algo real, sino que eran lo real en si. Que muchos de esos jóvenes anhelantes de informar a sus interlocutores invisibles acerca de su paradero, ni bien llegan s sus hogares correrán a sus cuartos a cerrar la puerta con llave detrás de si."
"Los hogares ya no son un lugar de recreación compartido, de amor y amistad, sino el ámbito de disputas territoriales, un conjunto de búnkeres fortificados. Hemos cruzado el umbral de nuestras casas individuales y hemos cerrado sus puertas, y luego hemos cruzado el umbral de nustras habitaciones y hemos cerrado sus puertas. El hogar se transforama en un centro de recreaciones multipropósito donde los miembros del grupo familiar pueden vivir, en cierto sentido, separadamente codo a codo."
"Cuanto más atención y esfuerzos de aprendizaje consumen la proximidad de tipo virtual, menos tiempo se dedica a la adquisición y ejercicio de las habilidades que la proximidad no-virtual requiere. Tales habilidades caen en desuso: son evitadas, olvidadas o directamente jamás aprendidas, o se recurre a ellas cuando no queda más remedio y a regañadientes."
Yo, después de leerlo, pienso:
Primero: me siento identificada. Para mi sorpresa (yo me sorprendo de que mi hogar sea como es), mi hogar, con dos hijos adolescentes es uno de esos centros de recreación multipropósito. En este mismo momento, yo escribo, y cada uno de ellos está conectado a su máquina, con su
celular cerca y escuchando su música. Cada uno haciendo lo que le gusta, para qué negarlo.
Segundo: sí, yo sí siento (hasta hoy) cierta nostalgia de "lo que nunca jamás sucedió": Mis hijos llegan, los espero con mate y biscochitos de grasa, o coca-cola y tostados o café con leche con medialunas. Conversamos largo y tendido de las pequeñeces de la vida cotidiana. Y de sobremesa, jugamos un chinchón. Una antigüedad. No existe. Fue, para mí. Para ellos, ni fue.
Tercero y confesión: ¡¡Por fin entiendo porque sí soy una hinchapelotas!! (y no es ninguna ironía)
Cuarto:¿ por qué las generaciones anteriores no aceptamos que las cosas cambian?
viernes, 22 de agosto de 2008
¿era sólido el amor?
Estoy leyendo "Amor líquido" de Zigmunt Bauman. Me despierta muchas preguntas sobre el amor. Preguntas que tengo, claro, más allá de este libro.
Este párrafo me impresionó, especialmente:
"La moderna razón líquida ve opresión en los compromisos duraderos; los vínculos durables despiertan su sospecha de una dependencia paralizante."
Z. Bauman opone la racionalidad liquida consumista moderna al modelo de vida productiva que lo antecede. Según ese modelo, el de la vida productiva, ni el amor "hasta que la muerte los separe" ni los compromisos sin retorno eran redundantes, o menos aún sentidos como opresivos.
Interrumpo a Bauman: creo que si eran sentidos como opresivos, probablemente por eso se los fue reemplazando, poco a poco, por otras maneras de amar, menos opresivas.
Y lo dejo continuar: Por el contrario eran los "instintos naturales" del homo faber, asi como en la actualidad se oponen a los instintos igualmente "naturales" del homo consumens. El amor y el deseo de procrear eran compañeros indispensables del sexo del homo faber, asi como las uniones duraderas que ese amor y deseo ayudaban a crear eran los "productos principales" , y no "efectos colaterales" , y menos aún los desechos o despojos de los actos sexuales.
Pregunto:
¿era sólido el amor? 0 era sólido el vínculo porque no se sostenía, justamente, en el amor,sino en el deber, la moral, los valores cristianos, y ese tipo de cosas.
¿el amor puede ser sólido? o lo que puede ser sólido es el compromiso y entonces, se trata de olvidarse del amor. Y el círculo se cierra, porque sin amor, cuando el amor se acaba ,el compromiso se vuelve insoportable...y asi se añora, hasta que finalmente se construye, un ¡Amor liquido!...
Este párrafo me impresionó, especialmente:
"La moderna razón líquida ve opresión en los compromisos duraderos; los vínculos durables despiertan su sospecha de una dependencia paralizante."
Z. Bauman opone la racionalidad liquida consumista moderna al modelo de vida productiva que lo antecede. Según ese modelo, el de la vida productiva, ni el amor "hasta que la muerte los separe" ni los compromisos sin retorno eran redundantes, o menos aún sentidos como opresivos.
Interrumpo a Bauman: creo que si eran sentidos como opresivos, probablemente por eso se los fue reemplazando, poco a poco, por otras maneras de amar, menos opresivas.
Y lo dejo continuar: Por el contrario eran los "instintos naturales" del homo faber, asi como en la actualidad se oponen a los instintos igualmente "naturales" del homo consumens. El amor y el deseo de procrear eran compañeros indispensables del sexo del homo faber, asi como las uniones duraderas que ese amor y deseo ayudaban a crear eran los "productos principales" , y no "efectos colaterales" , y menos aún los desechos o despojos de los actos sexuales.
Pregunto:
¿era sólido el amor? 0 era sólido el vínculo porque no se sostenía, justamente, en el amor,sino en el deber, la moral, los valores cristianos, y ese tipo de cosas.
¿el amor puede ser sólido? o lo que puede ser sólido es el compromiso y entonces, se trata de olvidarse del amor. Y el círculo se cierra, porque sin amor, cuando el amor se acaba ,el compromiso se vuelve insoportable...y asi se añora, hasta que finalmente se construye, un ¡Amor liquido!...
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